Acierta el presidente Macri
cuando señala al narcotráfico como un enemigo a combatir. No obstante, algunos
de sus funcionarios toman el tema a la ligera como si se tratara de algo cuasi
banal que bien puede dilucidarse en una interna partidaria.
El
episodio de los barriles de efedrina depositados en Ezeiza desde hace varios
años trajo como consecuencia el desconcierto, en lugar de la felicidad por el
éxito.
Pasó
a decimotercer plano la averiguación sobre el origen de esa importación a gran
escala de un componente básico para la elaboración de cocaína. No se sabe quién
realizó el envío. No se conoce quién era el destinatario.
Todo
el mundo no puede sino desconfiar sobre el procedimiento de destruir los
barriles y su contenido, conocido por su publicación en el Boletín Oficial,
como rezago de aduana. Un procedimiento que se utiliza luego de un lustro
cuando una mercadería que arribó al país no es reclamada, ni retirada por
nadie.
Obviamente,
se trató de una “importación” llevada a cabo cuando Aníbal Fernández era Jefe
de Gabinete de Ministros de Cristina Kirchner y cuando la aduana estaba a cargo
de Ricardo Echegaray, titular de la AFIP.
Pero,
el gobierno se encargó de pasar todo a un segundo plano con la disputa pública
entre el suspendido funcionario a cargo de la Aduana, Juan José Gómez
Centurión, y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.
Como
se sabe, Gómez Centurión está separado del cargo mientras se comprueba la
veracidad o no de una grabación, cortada y editada, que Bullrich acercó a la
justicia. El presidente Macri lo avala, aunque lo suspendió preventivamente el
tiempo que el juez de la causa tarde en pronunciarse si existe o no mérito para
dar crédito a la “prueba”.
Obvio
que la actitud de Macri contrasta con la de Cristina Fernández que defendía a
capa y espada a sus funcionarios. No hace falta ser adivino para atribuir esas
cerradas defensas no a la solidaridad, sino a la complicidad en la comisión de
delitos de todo tipo.
Como
sea, la “ejemplaridad” que pretende hacer ver Macri, lo condujo a este tipo de
disputas a las que debe poner coto so pena de debilitar, desde adentro, a su
propio gobierno.
Desde
el principio de la actual administración, pudo comprobarse que el presidente
prefiere no contar con superministros al estilo de Domingo Cavallo. De allí la
puesta en práctica de la división de las áreas con responsables que deben
convivir aunque no estén plenamente de acuerdo entre ellos.
Pero,
cuando los desacuerdos o los intercambios de opiniones pasan a la categoría de
las disputas públicas, con acusaciones cruzadas, la cosa adquiere un matiz
diferente.
Entre
la Agencia Federal de Inteligencia, el Ministerio de Seguridad, y la Dirección
de la Aduana parece haber intereses no declarados que, en caso de comprobarse,
en mucho afectarían la imagen de un gobierno que pretende recuperar la
honestidad para el manejo de la cosa pública.
No
es menor destruir un cargamento de efedrina ya que junto con él es destruido el
expediente por el cual se canalizó administrativamente la importación, con nombres
y apellidos de causantes, destinatarios y funcionarios intervinientes.
Si
todos son inocentes, alguien debería pagar el precio político por el escándalo.
Y, por supuesto, todo lo referente a ese “tráfico” debe ser conocido.
Corrupción
Sin
dudas, el caso de los tambores de efedrina se ubica dentro del contexto de la
asociación ilícita K que gobernó el país durante los doce años anteriores.
A
diario, nuevas revelaciones indican hasta qué punto el delito organizado
penetró en la Argentina, facilitado por la complicidad de un régimen conformado
por una banda.
El
secuestro de más de 241 vehículos –la mayoría de ellos de los denominados de
“alta gama”- en Mar del Plata, todos ellos adquiridos con el lavado de dinero
proveniente del narcotráfico, demuestra el grado de impunidad y complicidad
alcanzado.
Cierto,
el rastreo de estos narcotraficantes, cuyo supuesto jefe “escapó”, comenzó con
dos operativos en 2013 y en 2015. Pero el secuestro de 241 vehículos deja en
claro que, hasta la fecha, los narcos involucrados actuaban con impunidad
asegurada. De más está decir que ningún perseguido adquiere flotas de
automotores.
¿Y
los registros de propiedad automotor? Bien, gracias. Se olvidaron de informar
sobre la compra de 241 vehículos a la Unidad de Investigaciones Financieras
(UIF). Total, registrar 241 vehículos es una operación común. De ninguna manera
sospechosa…
También
a diario aparecen otras revelaciones en relación con los sobreprecios que los
funcionarios cristinistas pagaban para quedarse con los “vueltos”. “Vueltos”
que resultaban enormes en proporción al costo de las obras, muchas de las
cuales eran pagadas en su totalidad sin estar terminadas y, a veces, ni
empezadas.
Esta
semana, fue el turno nuevamente –y van…- de Julio De Vido que pagó 25 millones
de pesos por obras en la remodelación del anfiteatro de Villa María, Córdoba,
cuyo costo no superaba los 10 millones de pesos.
Hay
que imaginar al respecto, el circuito financiero que estos delincuentes
utilizaban para primero sobrefacturar. Luego cuando el sobreprecio era recibido
por la empresa adjudicataria, debía pasar a ser dinero “negro” para poder ser
recibido por los funcionarios coimeros quienes luego lo blanqueaban en parte
para adquirir o construir propiedades. Impunidad al mango.
Son
muchos los millones de dólares estafados al Estado argentino. Son muchos los
millones de dólares recaudados ilegalmente como consecuencia del narcotráfico.
Los unos con De Vido a la cabeza. Los otros, con Aníbal Fernández. En la cima,
Cristina Kirchner. Por debajo, los “perejiles” bien pagados: Amado Boudou, José
López, Hebe de Bonafini, Ricardo Jaime, entre otros.
¿Cómo
no van a querer voltear al gobierno? No solo se juegan la libertad, también se
juegan buena parte de las fortunas mal habidas. O porque se los expropia, si
ocurre no existen antecedentes. O porque van a parar a los estudios jurídicos
para la defensa en los juicios.
De
allí las amenazas –esta semana fue víctima el gobernador de Jujuy, Gerardo
Morales-, los cortes de tránsito simultáneos en Buenos Aires y las arengas
golpistas de Hebe de Bonafini.
El
gobierno debe tomar cartas en el asunto, aún a riesgo de la victimización de
los K. Total, se victimizan igual.
Y
debe tomar cartas en el asunto porque corre el riesgo de perder apoyos. El
ciudadano común está cansado de los cortes de calles y de rutas por parte de
puñados de personas. Más cansados aun cuando comprueban que el famoso
“protocolo” de Patricia Bullrich no se aplica.
Pero
además, porque la inacción del gobierno envalentona a quienes pretenden
conservar sus privilegios por más insignificantes que, a veces, resulten.
Sindicalismo
Siempre
resulta difícil la convivencia de un gobierno no peronista –aun cuando no son
pocos los peronistas que lo integran- con las distintas variantes del peronimo
que siempre existen para todos los gustos, salvo para el gusto republicano.
Así,
llegamos nuevamente a la etapa de preparación de un eventual paro general a
cuyo llamado –en el lenguaje corporativo al “llamado” se lo conoce como
“decreto”- convocarían la unificada CGT, las dos CTA y algunas agrupaciones
llamadas “sociales”.
Nadie
discute el derecho a la huelga, consagrado en la Constitución Nacional por el
artículo 14 bis, sancionado en la reforma de 1957. Solo que una huelga general
es siempre, por definición, una huelga política. Y una huelga política es un
desafío al gobierno y no una defensa de los intereses de los trabajadores.
Es
cierto que la situación social sufrió un deterioro. Tan cierto como inevitable.
Nadie puede siquiera imaginar que doce años de rapiña, de corrupción, de no
pagar deudas, de disparates económicos como el cepo o el atraso cambiario , de
pérdida de mercados, de desconfianza en el mundo, de agotamiento de la energía
no renovable, de falta de inversiones, de mentiras estadísticas, de
infraestructura deteriorada, de facilismo educativo, quedarán solucionados de
la noche a la mañana, sin que nadie pague los platos rotos.
Los
platos rotos los pagamos todos. Y los pagamos doblemente aquellos que no
votamos y no nos beneficiamos de la corrupción K.
Los
que ahora llaman al “pre” paro general son aquellos que los votaron, los
apoyaron y se beneficiaron durante todo o la mayor parte del reinado cleptómano
de los Kirchner.
El
sindicalismo parece no aprender las lecciones de la historia. Volteó con su
plan de lucha al gran gobierno de Arturo Illia. Hizo 14 paros generales contra
Raúl Alfonsín. Y ahora insiste con sus métodos.
Política
Junto
al sindicalismo, otro que no parece aprender las lecciones de la historia es el
propio Sergio Massa. O, en todo caso, pese a intentar diferenciarse copia las
recetas que en algún momento lo hicieron funcionario K, régimen en el que
transitó durante ocho años.
Es
que ahora a Massa se le ocurrió intentar frenar las importaciones durante
cuatro meses, a través de una eventual ley del Congreso. Populismo puro.
Dicen
sus economistas que la importación de bienes de consumo –incluidos algunos
productos primarios- demuestra que algo funciona mal.
La
obviedad, que como siempre en la Argentina nadie quiere reconocer, es que gran
parte de la industria es ineficiente, que los industriales y los sindicatos
solo se preocupan por conseguir que el Estado ponga trabas a la importación en
lugar de mejorar la productividad para producir más barato.
Y
no se trata de ir a una economía como la china a la que muchos sindican como
producto de una mano de obra mal remunerada. Alemania cuenta con salarios muy
altos y es el país más exportador per cápita de Europa.
Se
trata de eficiencia, de normas que no encarezcan sino que fomenten la
producción, de empresarios que inviertan en innovación, de sindicatos que
logren mejoras pero no a costa de la productividad.
Ya
es hora que los argentinos asuman la mayoría de edad. Que dejen de pretender
mamar de la “teta” de mamá Estado.
Un
eventual candidato a presidente no debe recurrir a recetas del pasado que
fracasaron en todo el mundo y que acaban de fracasar en la Argentina. Menos aún
debe hacerlo cuando el actual presidente intenta atraer capitales en medio de
una reunión del Grupo de los 20.
Cortar
importaciones no solo genera desconfianza en el mundo sino que, además,
constituye una contradicción con las propias demandas de la Argentina en los
foros internacionales, cuando condena el proteccionismo
agrícola de la Unión Europea.
¿Qué
opinará Margarita Stolbizer sobre las “recetas” de Sergio Massa?
Economía
Algunos
dicen que el fallo de la Corte Suprema de Justicia salvó “las papas” del
gobierno en materia de tarifas eléctricas. Otros señalan que solamente ganó
tiempo.
Como
sea, el gobierno debe emprolijar un tema
sobre el que hizo agua y que posibilitó un renacimiento opositor en las calles.
Si
bien la calma, de momento, reina sobre la materia. Lejos se está de cantar
victoria. Las audiencias públicas deben llevarse a cabo y la política
energética, tarifas incluidas, no quedó clarificada.
En
todo caso, es comprobable una desaceleración pronunciada del ritmo de
crecimiento de los precios, apoyada además en la suspensión momentánea del
aumento de las tarifas.
Dicen
algunos economistas que, cuando el futuro cuadro tarifario entre en aplicación,
la inflación crecerá, por dicho motivo, en un punto. No parece tanto, si nos
guiamos por los guarismos del año.
Como
sea, el crecimiento de los precios registrado en agosto fue casi nulo,
alrededor de medio punto.
Están,
claro, quienes se apuran a señalar que, en buena medida, el sustancialmente
menor ritmo de crecimiento se debe a la recesión. Y así es. Solo que resulta
inimaginable que alguien haya pensado en detener la inflación con pleno
consumo. Más aún cuando se trató de un consumo en gran medida subsidiado.
En
todo caso, flota la pregunta sobre aquello que el gobierno decide comunicar.
Aclaro, no sobre el aparato de comunicación del gobierno.
Ese
mensaje de optimismo que vuelve a repetirse basado en un voluntarismo se parece
en demasía a una subestimación del ciudadano.
Durante
un semestre, se habló del segundo semestre. Y ahora, en el transcurso del
segundo semestre, se habla del año próximo.
Más
vale, prudencia. Que el plan de obras públicas se ejecute. Que los capitales
vengan, sin dejar de reconocer que algunos ya vinieron. Que el blanqueo resulte
exitoso. Que se recurra al crédito externo sin generar un endeudamiento
inmanejable.
Importa el resultado, pero importa el buen camino. El
relato fue de otra época y así nos fue.
* Periodista y Militante Radical en CAMBIEMOS.
* Periodista y Militante Radical en CAMBIEMOS.

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